miércoles, 5 de noviembre de 2008

El dragón rojo (relato)

Hace muchos años, Pikahul entró en la cámara del mago oscuro para llevarle el té. Notó mayor desorden que de costumbre. Le encontró acurrucado en una esquina, con las manos en la cabeza.

-¿Ocurre algo, mi amo?

El mago negó con la cabeza, se levantó y se puso a reorganizar la estancia.

* * *

José, Miguel y Javier estaban algo cansados. Había sido un largo y duro día de marcha, pero ya se acercaban al final. Miguel pensó que tal vez debería haber organizado la salida en otra época del año, por ejemplo en otoño. Con el calor que hacía en aquél momento, era curioso pensar que esa zona era famosa por la temporada de esquí, que en la montaña contigua estaba el complejo de Sierra Nevada.

Durante mucho tiempo se pensó que el Veleta era más alto que el Muhacén, y desde el suelo así lo parece, debido a que el primero es bastante más afilado en su límite superior. Al Mulhacén se le llegó a denominar como “colina” por lo poco que parece una verdadera montaña. Sólo fue hasta que se trató de medir la altura de ambas de forma empírica, cuando se descubrió que la “colina” tenía unos cuantos metros más que su vecina. Miguel se preguntó si al llegar arriba todo esto se haría más obvio. ¿Tendría que bajar algo la vista para apreciar el pico que normalmente estaba cubierto de nieve?

Por fin, llegaron, y saludaron a unos cuantos montañistas que les habían adelantado hace un rato y habían llegado antes. José estaba eufórico y pidió que le sacaran fotos junto al vértice geodésico. Javier se sentó sobre una roca, exhausto, y sacó su cantimplora. Miguel miró a un lado y a otro. Como temía, era difícil creerse que estaban en el punto álgido de la zona. Parecía que simplemente estuvieran en una montaña más. Sacó su mapa para comprobar cuál de las que le rodeaban era el Veleta. Localizó el punto en que los círculos y óvalos se hacían más estrechos y alzó la vista delante de él.

Definitivamente, los expertos tenían que haberse equivocado, o el efecto óptico era muy bueno, Estaba clarísimo que lo que tenía enfrente era, con mucho, lo más alto de la cordillera. Pero entonces se dio cuenta de en qué consistía el truco: Una criatura enorme con alas estaba subida a su pico, y eso le hacía al Veleta parecer más alta. Aunque no recordaba haber visto aquello otras veces que había observado la montaña...

El bicho se movió y los miró. A Miguel le sonaba de algo. Había visto algo parecido cuando llevó a su hijo a ver una película muy mala sobre un niño que encontraba un huevo de dragón. Pensó que sería una buena idea avisar a los demás de que esa mole se abalanzaba directa hacia el grupo, pero no lo hizo porque de todas formas ya se iban a dar cuenta ellos solitos.

FJ García, 2008