sábado, 5 de junio de 2010

Robin Hood (2010)

No tenía muchas espectativas puestas en esta película. Tal y como la planteaban en la campaña publicitaria, la premisa me recordaba bastante a la de El Rey Arturo (King Arthur, 2004). La idea es coger a un personaje histórico y tergiversar la imagen popular que se tiene de él, dándole un toque más realista. No es una idea mala, pero no me gustó cómo fue llevada en King Arthur. Si tan realista querían enfocarla, ¿a qué vino la escena de la batalla sobre el hielo, sino para lucimiento de los efectos especiales?

Pero una vez dentro del cine, me fui dando cuenta de Robin Hood iba en otro plan. Digamos que es un filme más consciente de sí mismo, el guión es ligero y está salpicado con bastantes toques de humor aquí y allá. Para que el guión fuera más serio, habrían quitado la escena de cuando el Rey Ricardo es asesinado por un cocinero que pasaba por allí, por ejemplo.
Gracias a todos los detalles de este estilo, la película no peca de aburrida.

Al final resulta que no nos han querido contar una nueva versión de la historia de Robin Hood con un giro hiperrealista, sino que más bien de una precuela a la leyenda que todos conocemos.
Probad a ver la versión de Kevin Costner de 1991 inmediatamente después de haber visto esta. Creo que os sentiréis como si estuviérais viendo una segunda parte, sólo que con distintos actores.


A nivel formal, la calidad de este filme estaba asegurada, ya que tras las cámaras se sentaba el mítico Ridley Scott, que ya tiene una gran experiencia en películas históricas, siendo el autor de 1492: La Conquista del Paraíso (1492: Conquest of Paradise), Gladiator (universalmente aclamada) y El Reino de los Cielos (Kingdom of Heavens).

Pero se pueden sacar bastantes diferencias de Robin Hood respecto a sus obras anteriores. De buenas a primeras, el tono es más alegre, como ya he mencionado anteriormente.
Y además, el nivel de violencia gráfica ha disminuído notablemente. Ya no tenemos el brazo cercenado ni las matanzas indígenas de 1492, ni los sangrientos combates en la arena de Gladiator, ni la montaña de cadáveres del final de El Reino de los Cielos. Esta vez la violencia es mucho más, digamos, slapstick. Hay veces que ni siquiera vemos donde acaban las flechas que se han lanzado, y la única decapitación que tiene lugar sólo se deja intuír. La única excepción es quizá la muerte del villano al final, pero ni siquiera eso es muy hardcore. Esta disminución en el nivel de gore puede verse como algo bueno o no. Yo personalmente disfruto los festivales de higadillos en las películas de zombies, pero evidentemente esa no tiene por qué ser la mejor elección estética a la hora de abordar un filme histórico.

La maestría del director puede verse a la hora de coordinar tantísimos extras y escenas elaboradas, pero también es cierto que nos ha ofrecido mejores espectáculos en ocasiones anteriores. La batalla final está casi demasiado bajada de tono, parece una versión light del desembarco de Normandía.

La interpretación de los actores en general ha estado bastante bien, la elección de Mark Strong como el villano Sir Godfrey ha estado bastante acertada, ya llama visualmente la atención antes de que Robin le marque con una flecha. Es un villano clásico que deja caer unas miradas que te hacen temer por los personajes que comparten pantalla con él.


Pero Russel Crowe sin embargo no me ha convencido en absoluto. Tiene la misma expresión plana durante toda la película, y no te hace preocuparte para nada por el personaje.

De todos modos, en resumen, se trata de una película entretenida, con un guión ameno y unas imágenes lo suficientemente atractivas para disfrutarla de principio a fin. Le pongo un cuatro sobre cinco.

Para terminar, me gustaría compartir con vosotros un pequeño pensamiento: ¿Qué pasaría si Ridley Scott volviera hoy en día a la ciencia-ficción, género en el que nos trajo dos joyas como pueden ser Blade Runner y Alien? ¿Se dejaría llevar por el CGI o nos traería algo parecido a lo que hizo en el pasado?

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